miércoles, noviembre 04, 2009

Vive




Respírate,

arroja al abismo

aquello que no tienes,

pasa un interruptor

asfixiando esbozos de pasiones,

cabalga un torbellino sin control,

siéntete ajeno,

penetra paredes palpando la nada,

habita ese rincón níveo y fatuo,

transita una vulgar utopía,

comprueba que si estás allí,

ya no hay vacío.



Chiqui Abreu
Copyright © 2.008
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martes, noviembre 03, 2009

Vuelo apócrifo



Volaba, con falsas alas,
y cubría su inmundicia
con la piel del engaño,
hundiendo sus garfios
en la pureza del ser.
Pulía su bella máscara,
decidida a conquistar almas.


Aleteaba con fuerza
para alejar su propio hedor.
Deshojando amaneceres
se dedicó a sembrar grietas,
cultivando aromas ajenos,
negras espinas, sin rosas,
que alimentaran el embrujo.


Pero cayó –en picada-
y sus negras plumas
ya no tapaban el sol.
Sombra desfigurada,
copia barata de mujer,
despojo absurdo y silente,
incapaz de soportar su reflejo.


Chiqui Abreu
Copyright © 2.009
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John Katzenbach, un Avatar Urbano




Hablar de John Katzenbach -como escritor- es tener una cita con la muerte, caminando del brazo del suspenso psicológico que enmarca sus historias. No importa si vistes los jeans desvencijados que lucen muchos de sus personajes, un traje marrón o un uniforme militar, estarás allí a la hora prevista para el encuentro.

Utiliza una paleta de escasos colores con la maestría de cualquier pintor famoso, a través de la descripción de escenarios en los que acostumbra enfatizar las asperezas del clima. Se pasea entre el progreso y la miseria, planteando conflictos raciales, sociales y morales, una denuncia abierta contra quienes alimentan toda clase de prejuicios.

 
No es difícil tomar uno de sus libros y repantigarse en la silla haciendo muecas, porque te sumerges tanto en la historia, que empiezas a tamborilear un lápiz contra el escritorio mientras atas cabos sueltos y revuelves -en la memoria- cada escena, sientes la frente perlada y sudor bajo las axilas cuando estás frente al asesino, te encoges de hombros al arrebujarte en el asiento, frunces el ceño, con el rostro rubicundo, al darte cuenta de un detalle que se te escapaba, y serás detective, periodista, psicólogo, forense y filósofo sin proponértelo.

 
Katzenbach señala esa delgada línea entre la razón y la locura, en la que no siempre los “cuerdos” tienen un mejor análisis de los hechos. La muerte ostenta tantas caras como sus personajes, es valiente, reservada y despiadada, cada quien la sufre a su modo y ninguna perspectiva es despreciable. Su mundo, lleno de pesadillas y ruidos, es un laberinto del cual no querrás escapar.

 
Chiqui Abreu.-

lunes, noviembre 02, 2009

La princesa pelona


A la princesa del cuento
no le gustan las coronas,
ya que por culpa de una,
ella se quedó pelona.

Se le enredaba en los rizos,
y cuando se iba a acostar,
no quedaba más remedio
que empezarlos a cortar.

Iban cayendo -uno a uno-
como gotas de ilusión.
La peluquera malvada,
no les tuvo compasión.

Pero al cabo de tres días
de llorar y no comer,
la miraban preocupados:
¡Algo debemos hacer!

Le regalaron un perro
saltarín y juguetón,
ella lo llamaba “Rizo”,
con un tonito dulzón.

Los reyes y los criados
volvieron a sonreír,
porque ya la princesita,
dejaría de sufrir.

Pasaron algunos años
-ya no un perro- sino dos,
la llenaron de “Ricitos”
Y este cuento... ¡Se acabó!


Chiqui Abreu
Copyright © 2.009
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Agonizando


Nuestra luna –abatida-

asfixia espejismos

en agonizantes sombras,

cascabeles serpentean

ironías tornasoles,

velorios de sonrisas

preceden el cortejo fúnebre

del extinto y claudicado amor

que, sorbiéndonos el aliento,

hizo maletas sin consultar.



Pérfidas convulsiones azarosas

saturadas de ausencias inconclusas,

puñal de luces en mano

ahuecan mi existencia,

apagando cada caricia tuya.



Chiqui Abreu
Copyright © 2.009
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domingo, noviembre 01, 2009

Apágame de nuevo el firmamento


´
Deshaz el sello del intento en mi cordura,


cabalga el fino descontrol del desaliento

y escurre la nostalgia en mi mirada.

Apágame de nuevo el firmamento


con tu adiós plagado de retornos,

navégame con sed alborotada.




He venido a sembrarte, dulcemente;

colgaré en la solapa del vacío

mi semilla convertida en estampida

para barrer el miedo en tus segundos.


Núblame de pasiones que mitiguen

la sequía inmortal del desconcierto.



En el bailarín ocaso del latido,

invita al deseo frugal del laberinto

a tapiar las grietas que, en mi alma,

desataron la fuga de los sueños

prisioneros de un tiempo sin mañana,

entre roces de voces y goces suspendidos.




Chiqui Abreu
Copyright © 2.009
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